El pasado miércoles día 8 la Biblioteca Nacional de España realizó una Jornada con motivo de la presentación y puesta en marcha de un nuevo proyecto:

Catalogación y Estudio de Libros Corales Hispánicos.

Dentro de todas las ponencias existentes creo interesante mencionar la efectuada por Ismael Fernández de la Cuesta titulada: “Sobre el modo de Cantar el Canto: llano o con ornamento. Testimonios Históricos”.

En ella nos decía:

” (…) El canto llano gregoriano es la música que se ha usado desde el siglo I en la liturgia cristiana de la Metrópoli de Roma, con su liturgia, a todas las regiones Occidentales.

Nacido como ornamento enfático, expresivo, de la recitación de la Biblia en los actos litúrgicos ha pervivido en la tradición oral hasta el día de hoy, conviviendo con una notable tradición escrita, cuyos testimonios más monumentales son los millares de libros corales, o de facistol, que se conservan en las iglesias catedralicias, conventuales y colegiatas y en importantes Bibliotecas de todo el mundo como en la Biblioteca Nacional de España.

Por su naturaleza oral, su práctica ha sido tan variada como variados han sido los intérpretes a lo largo y ancho del tiempo y del espacio. Un sustrato único, sin embargo, ha podido mantenerse hasta el día de hoy con infinitas variantes interpretativas desde que, al extenderse al Occidente cristiano en el siglo IX, esta tradición oral fue puesta inicialmente por escrito.

Lo más especifico y adornado del canto llano nació como realización vocal de un solista, designado posteriormente maestro-cantor, maestro de canto llano, chantre, etc. Los grupos de cantollanistas de las catedrales así como los coros de los conventos y monasterios seguían la pauta de uno o varios solistas conjuntados, quienes con una gran voz y con los ornamentos que propiciaba su calidad vocal, marcaban la pauta a los asistentes, canónigos y conventuales. Estos seguían el canto de los chantres con suma discreción y obediencia como pequeñas embarcaciones a un buque insignia (…)”